EL EXPERIMENTO DE DAVID ROSENHAN

El experimento de Rosenhan fue una prueba sobre la validez del diagnóstico psiquiátrico que llevó a cabo el psicólogo David Rosenhan en 1972. Fue publicado en la revista Science bajo el título “On being sane in insane places” (“Sobre estar cuerdo en centros para locos”).

El estudio de Rosenhan consistió en dos partes. La primera usó a colaboradores sanos o “pseudopacientes”, quienes simularon alucinaciones sonoras en un intento de obtener la admisión en 12 hospitales psiquiátricos de cinco estados de los Estados Unidos. La segunda parte consistía en pedir al personal del hospital psiquiátrico que detectara a pacientes “falsos”. En el primer caso, el personal del centro sólo detectó a un pseudopaciente, mientras que en el segundo el personal detectó un gran número de pacientes reales como impostores. El estudio está considerado como una importante e influyente crítica a la diagnosis psiquiátrica.

El estudio concluyó: “Parece claro que no podemos distinguir al sano del loco en los manicomios” y también ilustró los peligros de la despersonalización y etiquetaje en las instituciones psiquiátricas. Se sugirió que el uso de instalaciones comunitarias para la salud mental que se preocuparan de problemas específicos más que de asuntos psiquiátricos podía ser una solución y recomendó educar a los trabajadores para hacerles más conscientes de la psicología social implícita en esas instalaciones.

El experimento de los pseudopacientes

Ocho “pseudopacientes” aseguraban escuchar voces poco claras (las supuestas voces eran únicamente tres sonidos-palabras: “vacío”, “agujero” y ruidos sordos). Ningún otro síntoma era simulado. Todos los pseudopacientes fueron aceptados. Siete de ellos fueron diagnosticados de esquizofrenia, y el último de trastorno bipolar.

Los pacientes inexistentes

Rosenhan se empleó aquí en un centro que ya había recibido los resultados de su estudio y el personal pensaba que ellos no cometerían errores similares en su institución. Rosenhan dijo que durante tres meses, uno o más pseudopacientes intentarían adquirir la admisión y que ellos deberían detectar a los impostores. De 193 pacientes, 41 fueron considerados impostores y más de 42 se consideraron sospechosos. En realidad, Rosenhan no envió pseudopacientes y todos los que fueron considerados impostores eran pacientes genuinos. Se concluyó que cualquier proceso de diagnóstico permite demasiados errores, así que no puede ser fidedigno. Estudios similares encontraron problemas idénticos.

Extraído de aquí.

Referencias:

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